Durante años hemos escuchado la misma promesa: robots humanoides trabajando codo con codo con nosotros en fábricas, almacenes o incluso en nuestras casas. Es una idea que aparece una y otra vez. Sin embargo, cuando bajamos de ese escenario al suelo de una planta real, la historia cambia bastante. Ahí no basta con caminar o agarrar objetos; todo debe suceder con precisión y repetirse muchas de veces sin errores En ese contexto, cada pequeño avance empieza a tener un significado distinto.
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